Por qué dejamos España después de 15 años

Después de 15 años trabajando y construyendo una vida en España, llegó un momento en que dejamos de preguntarnos por qué marcharnos y empezamos a preguntarnos por qué quedarnos.

NUESTRA EXPERIENCIA

4 min read

Antes de empezar, queremos aclarar algo, porque en internet las conclusiones suelen llegar demasiado rápido.

Yo soy argentina. Viví 15 años en Europa con ciudadanía europea, trabajando, cotizando, pagando impuestos y construyendo una vida que consideraba mía. Rubén es español y vivió en España toda su vida.

Contamos por qué decidimos dejar España, pero no lo hacemos desde el rencor ni desde la nostalgia. Hablamos desde la experiencia directa de dos personas que un día se miraron y dijeron: esto ya no funciona para nosotros.

Cuando anunciamos que nos íbamos, recibimos de todo: felicitaciones, preguntas, curiosidad genuina y también insultos. Como si marcharse fuera una traición y quedarse fuera el único signo posible de coherencia. Eso ya dice bastante del clima que dejamos atrás.

Esta es nuestra versión, sin adornos.

Lo que el sistema prometía y lo que entregaba

Pagué seguridad social durante 15 años sin fallar un solo año. Cuando tuve un problema de salud crónico que necesitaba atención real, la sanidad pública me cerró las puertas de una forma que todavía me cuesta entender. No había citas disponibles. No había seguimiento. La operación más importante de mi vida la hice con mi mutua privada, no con la pública. Ni siquiera utilicé sus recursos y aun así el sistema no respondió cuando lo necesité.

No digo que la sanidad pública española sea mala en términos absolutos. Digo que cuando llegó el momento, para mí no funcionó. Y eso, después de 15 años de contribución sin interrupción, pesa de una manera que es difícil de describir.

El peso de ser autónomo

Rubén y yo trabajábamos por cuenta propia. Si alguna vez has sido autónomo en España sabes de lo que hablo. La cuota mensual es fija independientemente de lo que factures. Trabajas para el estado antes de trabajarte a ti mismo. Cualquier error, cualquier interpretación distinta a la de la Agencia Tributaria, tiene consecuencias desproporcionadas. No es que el sistema sea injusto en teoría. Es que en la práctica, la sensación constante es la de estar en deuda con alguien antes de haber empezado el mes.

Teníamos una casa de fin de semana que alquilábamos a turistas. Todo en regla, todo declarado, todo legal. Generaba empleo local, la gente se iba encantada y pagábamos impuestos altos por ello. Los días que estaba ocupada pagábamos. Los días que estaba vacía también pagábamos. Llegó un momento en que contribuir no era suficiente, la sensación era que nunca lo sería.

Tuvimos que vender esa casa. No porque quisiéramos. Sino porque la inseguridad jurídica en torno a la propiedad en España llegó a un punto en que mantenerla ya no tenía sentido. Trabajamos años para construir algo y al final vendimos para no arriesgarlo todo. Ese fue el momento en que algo cambió de forma definitiva.

El coste de vivir

España no es barata. No lo era cuando llegué y ha ido a peor. La vivienda en las ciudades grandes se ha vuelto inasequiblepara una parte enorme de la población. La energía subió. La compra subió. Los sueldos, en términos reales, no acompañaron nada de eso. La ecuación de trabajar para vivir bien se fue convirtiendo, para muchos, en trabajar para pagar facturas.

No lo digo como titular fácil. Lo digo porque lo vivimos. Y porque alrededor nuestro veíamos a personas muy capaces, muy trabajadoras, que hacían todo bien y aun así tenían la sensación de no avanzar.

Lo que de verdad nos hizo decidir

No fue una sola cosa. Nunca es una sola cosa. Fue la acumulación. La sanidad que falló cuando la necesité. La burocracia que te trata como sospechoso antes de escucharte. La vivienda que se convirtió en un problema sin solución visible. La sensación creciente de que el esfuerzo y el resultado habían dejado de tener una relación proporcional.

En algún momento dejamos de preguntarnos si teníamos razones para irnos y empezamos a preguntarnos si teníamos razones para quedarnos. Y cuando esa pregunta se instala de verdad, la respuesta cambia de forma bastante natural.

Lo que no fue

No fue huir. No fue odio. No fue ingratitud. España nos dio amistades que conservamos, experiencias que no cambiaríamos y una parte enorme de quienes somos. Rubén lleva toda su vida allí. Yo construí mi vida europea allí. Eso no desaparece por haber tomado una decisión diferente.

Pero también es verdad que quedarse no era la única forma de ser coherente. Marcharse, cuando uno ha pensado bien por qué y hacia dónde, también lo es.

Esto es solo el principio

En el siguiente artículo contamos por qué elegimos Paraguay entre todos los destinos posibles. Porque esa es la otra mitad de la historia, y merece su propio espacio. → Por qué elegimos Paraguay y no otro país (enlace disponible próximamente)

Si te identificas con algo de lo que contamos aquí, si estás en ese momento en el que te preguntas si tiene sentido seguir donde estás, puede que lo que compartimos en Destino Paraguay te resulte útil. No vendemos un destino perfecto. Contamos lo que vivimos, con lo bueno y con lo que cambiaríamos.